Hay una idea que se repite mucho últimamente: que “codificar” las cartas del tarot pertenece a una escuela concreta o que es un método moderno inventado por alguien en particular.
Y no. Conviene aclararlo bien.
Codificar el tarot no significa inventarse el significado de las cartas sin criterio. Tampoco significa quitarle valor a la tradición. Codificar una lectura significa establecer previamente el lenguaje con el que vas a trabajar en esa tirada.
Es decir: antes de tirar las cartas, decides qué va a representar una posición, una carta concreta, una combinación o una regla de lectura.
Por ejemplo:
Esta carta hablará del bloqueo principal.
Esta posición mostrará lo que la persona no está viendo.
Si aparece esta carta en esta tirada, la tomaré como señal concreta de cierre.
Eso es codificar: pactar el marco de interpretación antes de leer.
Codificar no es manipular el tarot
Una de las confusiones más habituales es pensar que codificar una carta es forzar la respuesta. No lo es.
Cuando una tarotista codifica bien, no está obligando al tarot a decir lo que ella quiere. Está delimitando el campo de lectura para evitar ambigüedad.
El tarot puede abrir muchas capas: emocional, mental, espiritual, predictiva, vincular, laboral, energética. Si no marcas bien desde dónde estás preguntando, la lectura puede volverse demasiado amplia.
Codificar ayuda a que la lectura tenga dirección.
No es lo mismo preguntar:
¿Qué pasa con esta relación?
que preguntar:
Carta 1: qué siente.
Carta 2: qué oculta.
Carta 3: qué hará.
Carta 4: evolución probable.
La segunda lectura está codificada. Cada posición tiene una función concreta. Y eso no resta intuición: la ordena.
El origen de esta idea en el tarot
La codificación, entendida como asignar significados, posiciones o correspondencias concretas, no nace de una escuela actual.
El tarot, antes de usarse como herramienta esotérica, fue un juego de cartas. Su uso adivinatorio se desarrolla con mucha fuerza en Francia a finales del siglo XVIII, especialmente con figuras como Court de Gébelin y Etteilla.
Etteilla, cuyo nombre real era Jean-Baptiste Alliette, fue una figura clave porque ayudó a estructurar el tarot como herramienta de cartomancia. A partir de ahí empiezan a consolidarse significados, métodos, posiciones y formas de lectura más sistematizadas.
Más adelante, con las escuelas ocultistas, especialmente en los siglos XIX y XX, el tarot se llenó de correspondencias: astrología, cábala, elementos, letras hebreas, planetas, signos, dignidades y estructuras simbólicas.
Eso también es una forma de codificación.
Cuando una carta se asocia a un planeta, a un signo, a un elemento o a una energía concreta, se está creando un lenguaje. Un código.
Por eso es importante entender esto: toda tradición de tarot tiene códigos.
El Tarot de Marsella tiene los suyos.
El Rider-Waite-Smith tiene los suyos.
El Thoth tiene los suyos.
Las tiradas clásicas tienen los suyos.
Y cada tarotista profesional, con los años, desarrolla también códigos propios.
La codificación en las tiradas
La forma más sencilla de entender la codificación está en las posiciones de una tirada.
Cuando hacemos una tirada de tres cartas y decimos:
Pasado
Presente
Futuro
ya estamos codificando.
La primera carta no se lee libremente como “lo que me inspire”. Se lee como pasado. La segunda se lee como presente. La tercera se lee como futuro.
Lo mismo ocurre cuando usamos una Cruz Celta, una tirada de vínculo, una tirada laboral o una lectura predictiva.
Cada posición tiene una función.
La carta habla, sí. Pero habla dentro del lugar donde ha caído.
No es lo mismo que salga La Torre en una posición de “miedo” que en una posición de “resultado”.
No es lo mismo que salga El Sol en “lo que muestra” que en “lo que oculta”.
No es lo mismo que salga el 7 de Espadas como “consejo” que como “acción de la otra persona”.
La carta es la misma.
El código de lectura cambia la capa desde la que la interpretamos.
Codificar una carta concreta
También se puede codificar una carta para una lectura específica.
Por ejemplo, en una tirada de tiempos, una tarotista puede decidir previamente:
En esta lectura, los ases hablarán de inicios.
O puede trabajar con una regla concreta:
Oros: meses.
Bastos: semanas.
Espadas: rapidez o corte.
Copas: proceso emocional.
Esto debe decidirse antes de tirar, no después.
Ahí está la diferencia entre codificar y acomodar la lectura.
Codificar es marcar la regla antes.
Acomodar es cambiar la regla después para que encaje con lo que queremos ver.
Y eso último sí es un problema.
La importancia de respetar el código
Cuando codificas una lectura, tienes que respetar el pacto que has creado.
Si antes de tirar has dicho:
La carta 3 representa el bloqueo principal, entonces esa carta se lee como bloqueo principal, aunque por su significado tradicional parezca positiva.
Por ejemplo, si aparece El Sol en una posición de bloqueo, no puedes leerlo automáticamente como éxito, alegría y claridad. En esa posición podría hablar de exceso de exposición, necesidad de reconocimiento, ingenuidad, orgullo, infantilización o dificultad para ver la sombra.
La posición manda.
La carta aporta el símbolo.
La lectura nace de la unión entre ambas.
Codificación no significa rigidez
Ahora bien, codificar tampoco significa leer como una máquina.
Una buena tarotista no se limita a decir:
Esta carta significa esto y punto.
El tarot no funciona así.
La codificación da estructura, pero la interpretación necesita contexto, oficio, símbolos, intuición, experiencia y capacidad de lectura.
Una carta nunca vive aislada.
Importa la pregunta.
Importa la posición.
Importa la combinación.
Importa el tono general de la tirada.
Importa la energía del consultante.
Importa el sistema que estás usando.
Por eso codificar no mata la intuición. La educa.
Entonces, ¿de quién es la codificación del tarot?
De nadie en exclusiva.
Y, a la vez, de toda la tradición tarotística.
Las escuelas pueden enseñar sus propios códigos. Los autores pueden desarrollar sus métodos. Una tarotista puede crear su sistema de lectura con el tiempo. Pero la idea de establecer significados, posiciones, correspondencias o pactos previos con la baraja no pertenece a una sola persona ni a una sola escuela.
Forma parte del desarrollo histórico del tarot como lenguaje simbólico y herramienta de lectura.
Otra cosa es que una escuela haya popularizado una forma concreta de explicarlo, nombrarlo o enseñarlo. Eso puede pasar. Pero popularizar no es lo mismo que crear desde cero.
Cómo codificar una lectura de tarot con criterio
Si quieres empezar a codificar tus lecturas, hazlo de forma sencilla:
Primero, formula bien la pregunta.
No preguntes de forma vaga si necesitas una respuesta concreta.
Segundo, define las posiciones antes de barajar.
Por ejemplo:
Carta 1: situación real.
Carta 2: bloqueo.
Carta 3: acción de la otra persona.
Carta 4: consejo.
Carta 5: evolución probable.
Tercero, no cambies el significado de la posición una vez la carta ha salido.
Cuarto, interpreta la carta dentro de ese marco.
Quinto, observa la tirada completa antes de cerrar una conclusión.
La codificación sirve para leer mejor, no para encerrar el tarot en significados pobres.
Una reflexión final
Para mí, codificar el tarot es una forma de respeto.
Respeto por la pregunta.
Respeto por la baraja.
Respeto por la persona que consulta.
Y respeto por el oficio de leer.
Porque una lectura profesional no debería depender solo de “lo que me viene”. Tiene que tener estructura, método y escucha.
El tarot es símbolo, intuición y lenguaje. Pero también es técnica.
Y cuando una tarotista aprende a codificar bien, deja de tirar cartas al aire y empieza a construir lecturas claras, profundas y útiles.

Para ampliar: historia y tradición del tarot
Aunque hoy usemos la palabra “codificar” de una forma moderna, la práctica de asignar significados, posiciones, correspondencias y reglas previas al tarot no nace de una escuela actual.
El tarot comenzó como un juego de cartas en la Italia del siglo XV y su uso simbólico, esotérico y adivinatorio se desarrolló con más fuerza a partir del siglo XVIII, especialmente en Francia.
Autores como Court de Gébelin contribuyeron a mirar el tarot como un sistema simbólico. Más adelante, Etteilla estructuró el tarot como herramienta de cartomancia, asignando significados adivinatorios y formas de lectura más concretas.
Posteriormente, escuelas ocultistas como la Golden Dawn ampliaron esta codificación mediante correspondencias astrológicas, cabalísticas, numéricas y simbólicas.
También en la tradición Rider-Waite-Smith encontramos formas claras de codificación: el uso del significador, las posiciones fijas de la Cruz Celta y la asociación de cada carta a un marco interpretativo concreto.
Por eso, más que hablar de una invención moderna, sería más correcto decir que la codificación forma parte del desarrollo histórico del tarot como lenguaje simbólico.
No podemos afirmar que la palabra “codificar”, tal como se usa hoy, venga literalmente de estos autores o escuelas. Lo que sí podemos afirmar es que la práctica de establecer significados, posiciones, correspondencias y reglas previas a la lectura forma parte de la tradición tarotística desde hace siglos.
Fuentes y lecturas recomendadas
Jean-Baptiste Alliette, Etteilla — Manière de se récréer avec le jeu de cartes nommées Tarots.
Antoine Court de Gébelin — Le Monde Primitif, volumen VIII.
Arthur Edward Waite — The Pictorial Key to the Tarot.
Mary K. Greer — artículos sobre tarot, Golden Dawn y correspondencias astrológicas.
Warburg Institute — exposición Tarot: Origins & Afterlives.
Morgan Library & Museum — exposición Tarot! Renaissance Symbols, Modern Visions.
